La buena fe o la mala fe

La buena fe o la mala fe

En pocos ámbitos se usa tanto estas expresiones como en el ámbito jurídico, y en el sector de la abogacía, ya que estos términos son complementos a determinados argumentos jurídicos ante los conflictos que se plantean en los procesos judiciales.

La técnica jurídica, ha hablado y escrito mucho sobre estos términos, si bien, este post no se va a referir a un concepto estrictamente judicio, sino a las connotaciones que el uso de estas expresiones nos está llevando en la práctica del día a día de nuestras vidas.

Todos tenemos problemas, y estos son producto de una discrepancia en los hechos, o en los derechos y obligaciones que tenemos respecto al otro. La cuestión esencial que subyace en la mayoría de los problemas, sin tener en consideración las interpretaciones erróneas, es la intención con la que actuamos.

Nuestros actos normalmente son voluntarios, y buscan un impacto. Actuamos con una intención subjetiva, que generará una consecuencia. El resultado de esa actuación muchas veces puede no coincidir con la intención que teníamos. Cuantas veces decidimos, “No era mi intención”.

Si actuamos creyendo que lo que hacemos tendrá un efecto positivo sobre los demás, hablamos de que se está actuando de buena fe. Si actuamos ( de forma voluntaria) para conseguir un impacto negativo, podemos entender que es un acto de mala fe.

La aplicación de estos conceptos en el día a día, es permanente. La buena o mala fe esta en las relaciones personales, en las relaciones profesionales, está en las problemáticas de toda índole.

Ante los problemas jurídicos existen las dos formas de actuar y de defender los intereses y objetivos de los clientes, como, por ejemplo: el asesoramiento ante cualquier problema,  la aplicación de un contrato, la negociación de cualquier desencuentro, el planteamiento de hechos en las demandas, el uso de la prueba en las vistas, y un largo etc 

Lo cierto es que las únicas soluciones que pueden ser efectivas y válidas, son las que se plantean desde la buena fe. Nos encontraremos con otro problema, cuando la otra parte actúa con cierta “mala fe”, en este punto abogo por intentar enderezar la situación con una negociación, y sino iniciar acciones legales. Una cosa es actuar de buena fe, y otra es perjudicarse ( no seamos condescendientes ).

La buena fe puede ayudar en muchos problemas. La honradez en los hechos, la sinceridad en lo que pretendemos, y la lealtad o compromiso con las soluciones, es lo que puede consolidar la confianza que se requiere para acabar con cualquier problema y solucionarlo de forma eficaz.

PD. Escribo este post con toda la buena fe.

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